El arte de esperar
- 12 may 2017
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Un día de mayo del 2014, por incertidumbre, por interés, decidió que era una buena idea hacer algo con “la espera”. Pero no cualquier espera. Si no una que es cotidiana, que nos atraviesa o atravesó a todos en algún momento de nuestra vida: la espera pública. La espera en la cola de una banco. La espera en la parada de los colectivos.

Pablo Ramborger nació en Puán, una localidad ubicada al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. A los 18 años se fue a estudiar Diseño Gráfico, primero a Bahía Blanca y luego a Capital. Después de un viaje a México, vino a La Plata. Una vez instalado en la ciudad, comenzó a hacer talleres de dibujo, pintura y arte contemporáneo.
Un día de mayo del 2014, por incertidumbre, por interés, decidió que era una buena idea hacer algo con “la espera”. Pero no cualquier espera. Si no una que es cotidiana, que nos atraviesa o atravesó a todos en algún momento de nuestra vida: la espera pública. La espera en la cola de una banco. La espera en la parada de los colectivos.
Pensó, entonces, en plasmar esa espera, en materializarla en obra, en comunicación. ¿Cómo? Haciendo lo que sabe, le gusta y completa: dibujar.
“La espera es algo transversal. Lo que tiene la espera es que empecé a ver en muchos signos que van mucho más allá de la palabra; miradas, suspiros, roces. A partir de eso dije “creo que acá hay algo interesante””, cuenta Pablo.
Fue así que comenzó a observar a las personas en las paradas de colectivos. Y con aquellos “otros” que le transmitían o generaban algo, los dibujaba. En lo que dura la espera de alguien hasta que llegue el colectivo y lo lleve a quien sabe dónde, Pablo realiza un retrato en una hoja A5 con lapicera y utilizando, además, papel de carbonilla. Esto le permite regarle la obra a la persona retratada y poder llevarse una copia. Cuando la persona se va antes de que pueda terminar su trabajo, deja el dibujo pegado en la parada del colectivo.
“Esta obra en sí, no tiene intermediarios entre el espectador y yo, es directo; me quedo con una copia y otra se los regalo. Entonces, genero una interacción que para mí es impagable. Me han rechazado, pero como les dejo alguna forma de contacto, tuve varias respuesta diciendo que “les cambiaron el día “que “muy buena la movida””, explica Pablo.
Con su trabajo, Pablo intenta “transmitir o poner en un contexto todo eso que a mí me pasa cuando estoy ahí, en el medio de esa gente, donde respiro, siento todo eso. Siempre busque y me importo lo social, el tema del otro. De observarlo. Creo que es ahí donde está la riqueza individual.”
Además destaca la importancia de sus obras a partir de la participación explícita e implícita de cada persona que participa en ella: “la gente atraviesa la obra, literalmente. En las paradas, algunos pasan los caños para sentarse, otros esquivan “obstáculos”. Todos los que participan en la espera, son parte de la obra. El que esta dibujado, el que no está por ausencia o está presente físicamente pero no retratado”, comenta el artista.
El jueves 1 de junio, Pablo expone su trabajo, a partir de las 19 hs., en la Sede de la Universidad del Este, calle 44 entre 10 y 11. Allí, la espera no es estar alerta a que algo suceda, sino que es la excusa perfecta para compartir, interactuar, observar y repensar, qué y cómo somos cuando la soledad de esperar se ve relejada por los ojos de otro.
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